2 de diciembre de 2008

Trilogia WitchFire: Primera sesión.

Los CELUphysics han empezado hace poco una partida de rol, como frikis que somos todos hemos decidido jugar a Dungeons & Dragons, ese juego tan clásico que siempre divierte tanto. La CELU-partida se desarrolla en Reinos de Hierro, y la aventura a jugar se trata de la ya clásica (aunque realmente solo tenga un par de añitos) Trilogía de Fuego de Brujas, de la cual esta totalmente prohibido buscar cualquier tipo de información en la red.


Fuego de Brujas; el viaje de Ren, Othon y Gurg

Ren Varkley, un joven hijo de familia noble de Korsk, había decidido emprender un largo viaje en tiempos de guerra hacía la ciudad de Corvis, lugar natal de la familia Brillosol, que se dedicaba desde generaciones anteriores a la fabricación de armas de fuego. Ren había recibido instrucción como mago pistolero, experto en el arte que surgía de la combinación entre la magia y las armas de fuego. 
Tenía ambiciones de convertirse en un buen practicante de esta disciplina, y esto le había llevado a buscar la influencia y los conocimientos que le proporcionaría la relación de su familia con los Brillosol. Su intención era ir a Corvis en busca de los secretos de la fabricación de las pistolas de llave arcana, así como la experiencia y conocimientos que le ofrecería la influyente y importante universidad de Corvis, ciudad donde, a diferencia de su tierra natal, era más habitual la presencia de magos pistoleros, siendo así un punto de referencia para todo aquél que deseara, como Ren, profundizar en el estudio y dominio de la disciplina de la que ya era un aventajado aprendiz.  

En su periplo le acompañaba Othon Petrovich. Othon era un cabo inexperto del ejercito Khadorano, amante de la bebida que había dedicado más tiempo y esfuerzo a la fiesta y a pelearse en tabernas, que en sus tareas como soldado Khadorano, por lo que sus superiores le asignaron como guardaespaldas para Varkley, en un intento de alejarle de las peleas y borracheras a las que estaba acostumbrado. 
Para Othon no supuso grande dificultades ascender a cabo en el ejercito, dado que sus metro noventa de altura y ciento veinte kilos de peso, unidos a una fuerza descomunal, le habían ayudado tanto en el campo de batalla delante de sus superiores, como en cualquier antro de mala muerte, delante de una cerveza, y detrás de otras cuantas, comúnmente más de lo que era aconsejable.   

Se podría decir que Ren y Othon eran las dos caras de una corona de oro, uno era culto, con gusto, dinero y de familia bien. Poseía gran destreza con las armas de fuego, así como una inteligencia que no pasaba desapercibida, ciertas dotes mágicas, culminaban lo que cualquier padre adinerado deseaba para su primogénito. Obviamente, ese era Ren. 
Othon venía de uno de esos pueblos en los que todos conocen a todos. Era rudo, amante de las peleas, sin demasiadas luces, aunque su presencia imponía respeto, más bien por su gran capacidad intimidatoria que por su carisma, aunque su conversación era, por así decirlo, algo más interesante que la de un bárbaro.   
Aún así, los nuevos compañeros de aventuras se respetaban mutuamente, y cada vez se apreciaban más el uno al otro, pues entendían que tal amistad sería necesaria en las aventuras que compartirían. 

El grupo lo cerraba Gurgvirelano, mas conocido como Gurg, el gobo. Su estatura, color de piel y poco agraciadas facciones, decían más de sus orígenes que del verdadero Gurg, quien, sin embargo, conservaba de su pueblo una predisposición a la picardía y a las tretas varias para conseguir su objetivo, lo cual dotaba al grupo de un completo y amplio campo de posibilidades de acción delante de cualquier desavenencia. 
Como bien gobo, Gurg era bajo, verde, y solía vestir con chaquetas de cuero, armar una daga, y buscar siempre el beneficio personal y el arte de escapar en detrimento de la confrontación física, el honor, y todas esas cosas que motivaban a sus compañeros de viajes. 

Pero esto no impedía al bueno de Gurg de hacer gala de un carisma y inteligencia que rivalizaba con el de sus compañeros, siendo de gran uso en diferentes tratos, tales como de ámbito económico, de busca de información, o chantajes y demás técnicas de baja moral, a las cuales, hay que decirlo, sus compañeros no hacían ningún feo.  

Gurg y Othon, que se conocían de tiempo atrás, eran dos amigos un tanto peculiares. Othon consideraba a Gurg como un amigo-mascota, divertido y útil de vez en cuando, y Gurg usaba a Othon como una suerte de guardaespaldas, una especie de amigo-matón, que peleaba por él y le solía sacar de los embrollos en los que el gobo se metía, normalmente relacionados con comerciantes furiosos, o toda clase de indeseables, de los que abundaban en las tabernas de los reinos de hierro, con los que Othon (y no sería él quien lo negara), divertía pelándose, habiendo encontrado en pocas ocasiones alguien cuyos músculos rivalizaran con los suyos (al menos no en los ambientes en los que se solían mover).   

Tan peculiar grupo empezó su viaje desde Fellig hasta la ciudad de los fantasmas, montado en una caravana a la que ofrecieron sus servicios de protección a cambio del viaje hasta la gran ciudad. Gunner Wadock, el capitán de la caravana, era un hombre agradable que no había dudado en compartir su comida y bebida con nuestros protagonistas, si esos la necesitaban, así como de relatarles todo tipo de historias y darles consejos que los aventureros recibieron con gratitud.

El viaje había durado mas de dos semanas, pero ningún altercado fastidió la armonía del traqueteo de las carretas, hasta que una tribu de gobos de los pantanos asaltó la caravana de Gunner Wadock. 
Una veintena de esos sucios trasgoides se encargó de ennieblar la zona, impidiendo la visión de los viajantes a media distancia, y enviaron flechas desde el bosque circundante por todos los lados de la caravana. 
Asaltaron el séquito, creando confusión a su paso, y robando cofres, petates, armas o ropajes, atacando a los comerciantes y robando las pertenencias de nuestros tres inexpertos aventureros. A tan inesperada agresión, Grug respondió preocupándose por sus pertenencias y haciéndose pasar por uno de los asaltantes para recuperarlas, más que proteger a los comerciantes o a sus compañeros. 
Othon no dudó en decapitar a uno de los gobos que habían entrado en su caravana en cuanto se despistaron y se regocijaban con los bienes encontrados, hiriendo a otro de muerte, de un sólo golpe con su espadón. Junto con Ren, intentaron obtener información de los asustados gobos que habían presenciado tal escabechina, no obteniendo nada útil. 
En poco tiempo, los gobos se habían dispersado, llevándose consigo varias pertenencias y mercancía de los comerciantes, y la caravana tuvo que reemprender su lenta marcha para que la noche no los cogiera fuera de la ciudad. Afortunadamente para nuestros jóvenes aventureros, han logrado conservar sus pertenencias, han sabido levantarse de pequeños golpes y han llegado sanos y salvos a Corvis.  

Allí, el sabio Padre Dumas, líder local y Gran Prelado de Morrow les ofreció cobijo en la catedral de Corvis. Durmieron plácidamente como no habían podido hacer durante su largo viaje, y un humilde pero sabroso desayuno les dio fuerzas para escuchar la petición del padre, cuya preocupación parecía provenir de extraños asuntos relacionados con... 

...continuará.

Por Lyzanor & Icarus

2 Celuloides han comentado:

Celuloide dijo...

Maldita sea... sufrí una herida por caerme de la carabana y encima gasté una bala (solo tengo 4 ya!!!!) para nada XDDDDD. Tendré que aplicarme en la próxima >_<

DarkSapiens dijo...

Hey, me ha gustado mucho! A ver si continúa, que pinta interesante todo esto :D

Saludos!